El masaje es el lenguaje del tacto, pues se establece una comunicación sin palabras. Es una técnica, ya que los masajistas nos servimos de maniobras (amasamientos, presiones, fricciones, etc.), pero también requiere sensibilidad para descubrir a través de nuestros dedos qué maniobras son más necesarias, así como la velocidad, profundidad y ritmo.

En cualquier caso, el masaje supone conectar con nuestro cuerpo y disfrutarlo.

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